Cartagena
Esta ciudad declarada en 1985 por la UNESCO Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Humanidad, fue escenario de la historia tanto del viejo como del nuevo mundo hace 460 años.
Durante 32 años, después de su descubrimiento 1501, la bahía de Cartagena permaneció en manos de sus legítimos dueños: los indígenas calamarí del grupo Karib, llamados caribes por los españoles.
Pero una vez Pedro de Heredia fundó la ciudad llamada Cartagena del Poniente, para diferenciarla de Cartagena del levante en España, comenzó una historia de sacrificios heroicos y batallas sin fin.
La ventaja de ser puerto y bahía protegida de los vientos la convirtieron, para su gloria y desgracia, en el fortín donde se guardaban los tesoros de América para enviar a Europa.
En pocos años, las casas pajizas se transformaron en construcciones de piedra alternadas con madera. Pero ni esto era suficiente para detener ambiciones materialistas más grandes que los tesoros aquí guardados.
Piratas y corsarios, países con poderío militar como Inglaterra, Italia y Francia, rebuscadores de oro al fin, la atacaban permanentemente. A finales del siglo XVIII casi toda la población de Cartagena vivía encerrada dentro de murallas, que se comenzaron a construir a base de muerte, por los nativos; y se terminaron con la sangre de los negros traídos del África, ante la casi extensión de los indígenas que, ante su nueva condición de esclavos, preferían envenenarse con brebajes de yuca o ahorcarse con sus propios tejidos.
Cartagena fue el principal puerto negrero de América. Los mineros, agricultores y ganaderos africanos, dejados de su cultura de tambores y cantos espirituales, eran descargados de los barcos llamados "tumbeiros", después de largos y penosos recorridos en condiciones infrahumanas para ser vendidos en la "feria de negros" que se efectuaba en la actual Plaza de los Coches.
Diecinueve kilómetros de murallas, muros de 15 metros de espesor por 12 de altura pegados con cal y sangre de toro(el cemento de la época), se terminaron de construir en 1631, y protegieron los tesoros de la Corona de más de 18 episodios bélicos y fuego.
La ciudad fue construida para la guerra y en ella creció, desde la llegada de los conquistadores enfrentados violentamente con los turbacos, hasta finales del siglo XIX, afrontando cosas tan horribles como el Santo Tribunal de la Inquisición, que se revivió en América como un aparato político-religioso exclusivo de los Reyes Católicos . Desde 1610 la Casa de la Inquisición servía como Tribunal de Penas del Santo Oficio, que tenía como objetivo juzgar los delitos contra la fe religiosa, sin reconocer jamás inocentes.
Funcionó hasta 1821 enjuiciando a supuestas brujas e imaginarios herejes que eran sometidos a interrogatorios de tortura con cualquier pretexto, antes de ser ejecutados en la plaza pública.
En el entretanto, que suma más de 250 años, la raza cartagenera se fue formando con sufrimiento y valentía, con base en una lucha sin retregua por la libertad. La mezcla humana resultante de la fortaleza y belleza de los negros africanos, la apasionante cultura indígena con su alma arrogante y la ambición de los conquistadores españoles, hicieron al cartagenero de hoy, el que desfila por las calles de La Heroica con el orgullo de quien ha hecho y defendido un patrimonio para sus hijos.
El 11 de noviembre de 1811, el pueblo sale a las calles proclamando contra España. El grito de independencia en Bogotá había encendido los ánimos. Los bravos caribes y los fuertes africanos reunidos en palenque celebran esta vez su libertad de poco tiempo, pues Fernando VII envió a "el pacificador", Pablo Morillo, en misión de reconquista.
En 1815 la ciudad fue sitiada durante 121 días, y las fortificaciones se convirtieron en cárceles de hambre y muerte que resistieron los valientes. Sólo en 1821, tras la derrota española frente a Simón Bolívar, Cartagena fue libre.
En los años que siguieron, Cartagena entró en un período de aparente inmovilidad. Era más bien la calma concientizadora de una ciudad poderosa que no puede seguir atenta a sus cañones y castillos ahora legendarios. La ingeniería militar comienza a ceder espacio a la expansión urbana y la ciudad salta por encima de las murallas que la aprisionan para dar su nueva cara al mundo contemporáneo.
Desde los años setenta es un centro latinoamericano de convenciones económicas e integracionistas. Y de noche se ven, al otro lado de la bahía, las luces de Mamonal. El gran complejo industrial que alberga más de cincuenta grandes empresas productoras de insumos y materia prima para la industria textil, del vidrio, del papel, los jabones, el plástico, las tuberías y otras.
Cartagena es actualmente uno de los principales puertos de exportaciones del país, su bahía interna es segura, y además de las instalaciones del terminal marítimo, posee numerosos muelles privados desde donde se envía directamente los productos al exterior y se reciben diversos tipo de carga.
Desde aquí los colombianos miramos el futuro, con la satisfacción de estar creando la prosperidad de una apertura económica sin fronteras y una imagen de país grande, con tradición de gloria y valores que se proyectan al mañana.
(Tomado de ElUniversal.com.co)